Todos en algún momento pensamos en la muerte, algunos más que otros. Hay personas mucho más terrenales que viven sólo en el presente, no miran el futuro y el pasado simplemente lo olvidan. Otras transcurren en un camino de constante agonía mental. Pero lo cierto es que vivimos una historia que sabemos que va a terminar.
Para Nicanor existían dos clases de muertes. Él jamás fue creyente pero sabía que había algo más allá, quizá era una forma de no sentirse tan insignificante en el universo. Nicanor decía que había una muerte buena y una mala. La buena era quien no te avisaba, la que llegaba de prepo, podía ser un accidente de tránsito, un asalto, un envenenamiento por monoxido de carbono o tantas otras. Y la muerte mala era quien llegaba, se sentaba cómodamente, hablaba un rato con vos y te daba la noticia. Nicanor decía que la muerte mala te acompañaba toda la vida, podías no mirarla o hablarle, pero siempre estaba e insistía que había que llevarse bien con ella.
El primer encuentro fue caminando por el barrio que lo encontró en su niñez, Villa Pueyrredon. Él se crió por los alrededores de la estación del ferrocarril y hasta los 13 años fue a la escuela Normal 21 de José Muñón. Pasando por la puerta se encontró con su profesor de gimnasia. El hombre seguía vivo, y eso lo sorprendió porque ya era una persona vieja cuando lo vio por primera vez. Inmediatamente salieron sus alumnos corriendo y como golpe de puño frontal se vio en ellos. Allí apareció la muerte mala, la que te dice, "El tiempo pasa, ¿viste? ¿Te sentís más viejo? ¿Te duele la cintura? ¡Estás más viejo! ". Para Nicanor la muerte mala era una persona jóven, del mismo sexo que uno, muy apuesta, siempre vestía jeans, remera blanca, y All Stars rojas. Hasta el día de hoy se desconoce la apariencia de la muerte buena, pero muchos dicen que es una mujer muy bonita .
Luego de dos horas de charla llegaron a un acuerdo:
Nicanor prometió no dejar pasar el tiempo en vano, no olvidarse de las personas que quiere ni de él.
La muerte había hecho un gran trabajo de marketing, había logrado cambiar su imagen.
La muerte te puede encontrar en cualquier parte, cuando vez a tu sobrino jugar con autitos, cuando dejás de hacer el amor, cuando ya no podés correr el colectivo, cuando dejás de tocar la guitarra, cuando dejás de jugar.
Igualmente, Nicanor reconoce que siempre se puede tener una charla amena.
Esa misma tarde escribió un fragmento de una canción
que tituló "Buena muerte":
que tituló "Buena muerte":
Corremos siempre pa´adelante
Nos detenemos en una esquina
Y cuando creemos que no está, aparece con redoblante
Y con ritmo de murga nos cuenta su vida.
Como película de Hitchcock
Nos hace pegar un julepón
Corremos hasta la parada debajo del Limonero
Y con terror escapamos en el veintidós.
Luego nos volvemos a encontrar
Y ahora con ritmo de tango
Sentado, tranquilo nos dice que falta
un poco de agua pa´el mate.