domingo, 22 de noviembre de 2009

5. Amor ajeno



El amor, quizá el sentimiento más importante, el que le da sentido a nuestras vidas. Cada cosa que hacemos lo hacemos por el amor, por ellas o ellos que están allí, prestando atención a nuestras vidas. Inconscientemente nos vestimos para el amor, cantamos para el amor, hacemos deporte para el amor, salimos para el amor, trabajamos para el amor. Quizá se confunda la palabra amor con sexo. La realidad es que somos animales que necesitan tener relaciones para reproducirse, una necesidad como tienen todas las especies. El amor existe sólo si creemos en él, es casi un delirio místico. 
Las ventajas del amor son varias, pero también puede ser consideradas como fatalidades dependiendo del punto de vista del individuo: tener sexo y luego no desear que el acompañante desaparezca. Tener a alguien que se preocupe por nosotros y que no haga falta decirle "mamá" (por lo menos hasta los 10 primeros años de casado, después las cosas se confunden). Recibir regalos es una ventaja indiscutible.
Mariano era un tipo piola, alto, musculoso, simpático, chistoso, infiel. Estaba casado con Denise, una mujer bella por donde se la mire. Le encantaba cocinar, su especialidad era el pollo al champignone y sus hobbies, tejer y correr. Denise era una persona correcta, incorruptible, con una sentimiento de culpa que la mantenía en un mismo camino hace más de 10 años. Amaba a su hijo y a su marido más que a su propia vida.
Un domingo de verano Mariano tocó cinco veces la puerta de Nicanor Tildela.
Mariano- ¿Qué hacés, Nicanor? ¿Cómo va?
Nicanor- ¿Qué hacés tocando mi puerta un domingo a las 8 de la mañana? ¿Te hiciste católico? Esto no es una iglesia.
Mariano- Algo así... Vengo del telo. Ahora te explico.
Nicanor- Mmm, ¿Y Julieta?
Mariano- ¿Qué Julieta? ¡No esa fue la semana pasada! Florencia es su nombre.
Nicanor- Ah. ¿Qué pasa?
Mariano- No puedo engañarla más. 
Nicanor- ¿A quién? ¿A Julieta?
Mariano- No, bolu, a Denise. Creo que me enamoré.
Nicanor- ¡Dejate de joder!
Mariano- En serio, ya no puedo seguir. ¡Me voy a separar!
Nicanor- ¿Por qué no lo pensas mejor? Tenés un hijo, tomate tu tiempo.
Mariano- Hablá con ella, vos sos el amigo, dejame que me quede en tu casa, por un tiempo por lo menos.
Nicanor- ¿Qué querés que le diga?
Mariano- No sé, algo se te va a ocurrir.


Nicanor viajó hasta Ciudadela para hablar con Denise, su amiga hace más de 15 años. Gracias a ella conoció a Mariano.
Dos cuadras antes de llegar a la casa la vio en un Fiat Duna. Estaba sentada en el lugar del acompañante. El chofer del vehículo era Rubén, el remisero del barrio, un cordobés de 28 años que vino a Buenos Aires para trabajar, le dicen el "Pícaro". Nicanor los vio besarse apasionadamente por cincos largos minutos. 
A ella no le sorprendió la visita de Nicanor, mucho menos la ausencia de su marido. Denise con su boca colorada, pero despreocupada sacudía la yerba, luego tomó la pava y se sentó a un lado de Nicanor.
Denise tenía una mirada distinta, estaba liberada. Apoyó su mano sobre la pierna de Nicanor y con una sonrisa lo besó.
Nicanor no pudo ni quiso evitar el ataque sexual de Denise. Se besaron, se desnudaron y se escondieron en la habitación.
Nicanor se incorporó y se tomó la cabeza, ella prendió un cigarrillo y le acarició la espalda. 
Denise- No te preocupes, Mariano es un idiota, siempre me cagó. No sientas culpa.
Nicanor- Sí,  ya sé, pero yo te venía a contar que Mariano se va a quedar en casa unos días, está mal. Pero no puede hablar ahora.
Las palabras de Denise le hicieron eco hasta que llegó a su casa y se encontró con Mariano.
Inmediatamente las palabras de Denise se convirtieron en imágenes obscenas.
Mariano- ¿Y?
Nicanor- ¿Y, qué?
Mariano- ¡Hablasté, boludo!
Nicanor- Sí, le dije que te quedabas acá y que no tenías los huevos suficientes para hablar con ella. Igualmente se imaginó todo.
Mariano- ¿Y? ¿Se puso mal?
Nicanor- La verdad que la vi muy tranquila. Está bastante cambiada tu mujer.
Mariano no pudo tolerar la frialdad de Denise. Intentó recuperarla pero jamás lo perdonó.
Mariano siguió siendo infiel hasta que conoció a Rubén.

jueves, 19 de noviembre de 2009

4. Talento

El primer trabajo de Nicanor se desarrolló en el subte. No vendía nada, no tocaba ningún instrumento, tampoco actuaba. Nicanor tenía un extraño talento: él podía saber que tema estaban escuchando las personas con sus auriculares. Gracias a los movimientos que uno hace mientras la música invade el cuerpo, explicaba.
Nicanor entraba a la formación y se presentaba como un hábil adivinador de temas musicales. Frente a la sorpresa de los viajeros, observaba detenidamente a todos los que estaban escuchando música. Luego les pedía a las personas que le marquen alguna víctima. Por lo general se hacían los distraídos, lo ignoraban, pero él tenía una gracia innata de la cual era difícil escapar. Finalmente, alguien le señalaba una persona, él lo observaba por 20 segundos y disparaba el tema sin titubeos. Luego procedía a la develación, por lo que le pedía que se retire los auriculares y diga en voz alta el nombre del tema. El usuario sin entender nada lo insultaba y después de una larga explicación decía (molesto) el nombre del tema. Jamás falló, pero raramente alguien le dejó dinero.
9 de cada 10 personas en la ciudad de Buenos Aires desasprovecha su talento. Nadie puede decir a ciencia cierta para qué sirven los talentos. Algunos aseguran que son habilidades que Dios entrega a elegidos para hacer dinero. Los vecinos de Saavedra dicen que un talento sirve unicamente para estar satisfecho con uno mismo y quienes lucren con su habilidad serán infelices toda la vida.

martes, 17 de noviembre de 2009

3. Autodestrucción




Trabajar: algo que nadie quisiera hacer jamás, o por lo menos eso opinan las personas que trabajan. Por qué no se puede vivir haciendo lo que a uno le gusta y sin obtener nada a cambio. El humano es un ser que a lo largo de su vida intercambia continuamente cosas; intercambia palabras, comida, libros, cd´s, dinero, etc. Todos desearíamos tener mucho dinero para no trabajar, pero lo cierto es que no trabajamos sólo por la plata sino para sentirnos parte de la sociedad. Podemos tener empleos  mejores que otros pero lo importante es intercambiar algo con las personas, sentirnos útiles.
Algo común que hacemos a menudo es pensar en el trabajo ideal. Pensamos que el trabajo de actor es el mejor, porque te hacés famoso, ganás mucho dinero, pero la mayoría de ellos detesta que los reconozcan en la calle. Lo mismo pasa con los músicos. Ganar dinero haciendo lo que a uno más le gusta es lo que todos quieren. Otros aseguran que los mejores trabajos son aquellos en los que se hace poco y se gana más, como por ejemplo los escribanos, están ahí, parados al lado del conductor, esperando que saquen el cuponcito ganador y  luego hacen que anotan algo en una papel. Hay muchos que envidian a las personas con alguna discapacidad, que puede ser temporaria o permanente, y cobran un sueldo por mes sin hacer nada. Quizá sólo intentan hacerlas sentir mejor.
Lo cierto es que no podemos no hacer nada. Sin embargo, la rutina del trabajo destruye el espíritu de las personas, las aliena, las deja inconscientes y anestesiados. Pero la rutina del no hacer nada, también. Entonces, acá entramos en un problema, porque están quienes prefieren un trabajo mecánico, repetitivo y morir por la rutina y los que aman los trabajos cambiantes, aleatorios y mueren de estrés, que es básicamente lo mismo.
Hay muchos empleos que nos causan curiosidad como por ejemplo: el astronauta. Todos quisimos alguna vez ser astronautas. Ahora, simplemente, nos preguntamos si realmente llegaron a la luna.
Pero hay ocupaciones más cercanas a nuestro planeta y que también nos causan interés, como por ejemplo, el ladrón, chorro o punga. Podríamos decir que no es una ocupación pero ellos intercambian insultos, amenazas y reciben a cambio miedo, llantos, en muchas oportunidades balas y por supuesto un beneficio económico. 

La segunda actividad que a Nicanor le permitió sobrevivir por al menos 6 meses fue el encargado de garage. Pero no de cualquiera, era el garage ubicado en Maipú y Santa Fé, una zona proclive a las inundaciones de autos. Pero no se trataba de esos con varios niveles donde cada uno estaciona el automóvil en una determinada parcela. El garage "Santa Fé" era como un baldío vacío pero asfaltado en donde los autos debían ser estacionados por el encargado o en su defecto por un ayudante oficial. Pero no se ubicaban  a piaccere, sino que tenían que estar ubicados estratégicamente. Imaginen que si había negligencia por parte del encargado, el garage visto del quinto piso se asemejaba a un rompecabezas, de esos que uno tiene que ir moviendo piezas hasta formar la figura. Obviamente, para observar está figura desordenada había que ser un experto en el oficio.
Los dos primeros meses Nicanor fue una decepción para su tío Carlos, dueño, capitalista del emprendimiento. Organizaba mal los autos y en muchas ocasiones tuvo que vaciar el garage, parar el tránsito de la avenida para entregar un auto a un cliente que pagó una hora. De los errores se aprende dice el refrán, pero también hay un viejo refrán que dice que el ser humano es el único ser que puede toparse una y otra vez con la misma piedra. A Nicanor le llevó exactamente 61 días generar un plan eficiente para no tener este tipo de inconvenientes. 
Comenzaba colocando los autos que pagaban de una a tres horas del lado derecho, y los que pagaban la estadía los estacionaba al final. Parecía simple pero nunca faltaba quienes salían de apuros que habían pagado la estadía. Para lo cual diseñó un complejo sistema de grúas mecanizadas que elevaban el automóvil 5 metros y que luego depositaba a la salida.  
El viernes 15 de enero Nicanor perdió su empleo. Eran las diez de la mañana, hora pico en donde todo automovilista busca lugar para dejar su auto a salvo de los remolques. Una 4x4 marca Ford, un monstruo que sólo a un inconsciente con dinero se le ocurre pasearla por la ciudad fue cliente por única vez. Después de tres horas este señor, que ahora estaba acompañado de una señorita, decidió retirar su camioneta. El hombre quedó fascinado con en invento de Nicanor. El problema fue cuando quiso estar dentro de la camioneta mientras la grúa movía su coche. Nicanor le explicó que eso era imposible, que podía ser muy riesgoso. El señor con soberbia depositó un billete de 100 dólares en el bolsillo de la camisa blanca, encendió la camioneta y dijo -¡Subime, pibe! A medida que la grúa lo elevaba el hombre aceleraba creyendo que estaba en un parque diversiones. Comenzó a samarrearse como intentando apurar el paseo hasta que se soltó. La 4x4 cayó desde 5 metros sobre un Peugeot  307 que quedó irreconocible. El hombre aceleró, pasó por encima de otros tres automóviles y se dio a la fuga. 

sábado, 14 de noviembre de 2009

2. Paramnesia


Cuando desperté, la luz de un día gris encandilaba mis ojos y el despertador finalmente sonó como confirmando mi sensación. Cansado de mi rutina sabía que no era un día cualquiera, algo había cambiado en mí. Tomé mis gafas verdes y fui a la cocina, el café estaba caliente listo para beber, pero tenía el mismo sabor que el  día anterior y el anterior. Tosté dos rodajas de pan que luego lancé al cesto. Derramé el café en el lavabo y bebí leche fría directamente del sachet. Evidentemente, hoy no era un día cualquiera.


Llamé a mi psicóloga, Patricia era su nombre. Le conté que había renunciado al trabajo y que estaba deprimido. Toqué su puerta, me hizo pasar y me dijo que aguarde mientras terminaba con el otro paciente. Me senté en el sillón individual de cuero blanco, era fresco y confortable, pero algo adherente también. Tomé un revista del 2001, una típica revista de pesca. Ojeando rápidamente vi un aviso que me sorprendió, el titular decía: "¿Cansado de la rutina? Dé un respiro a su vida, venga a conocer la Isla y verá como su vida cambiará". Jamás la palabra "rutina" y "respiro" habían tenido tanto significado como ese día.
Sin hacer ruido me alejé y corrí sin parar. Nunca había escuchado semejante lugar pero confiaba en la agencia.


La lancha colectivo partió a las doce de la noche, así que ni bien encontré un lugar apoyé mi cabeza en la ventana y dormí por horas. Había sido el mejor sueño que jamás había tenido. Descansé tan profundamente que el lanchero tuvo que samarrearme para informar que habíamos llegado.

Me mostraron mi cabaña, la habitación y me dijeron los servicios que estaban incluidos.

- Usted podrá bañarse, usar la cocina y las estufas sin cargo. Podrá llamar a recepción y solicitar lo que necesite sin cargo también. Tiene disponible el jacuzzi, la pileta, el gimnasio y las canchas de tenis, pero tendrá que abonar para su uso cinco pesos.

Ni bien le agradecí me fui a la playa más alejada del complejo.
Allí aproveché a encender mi pipa y a recostarme sobre algo semejante a arena. Por un momento pude olvidarme de todo. Pero, nuevamente sentí un vacío y sabía que algo faltaba. Sin dudar me saqué mis jeans y corrí al río, salté lo más alto que pude y me zambullí. El fondo era algo fangoso pero me regalaba una sensación de libertad, además hacía bien para la piel pensé. El Tigre era fantástico, estaba tan cerca de la Capital y lejos al mismo tiempo. Pero nuevamente un frío sentimiento invadió mi cuerpo. Saltando para escurrirme vi el monte y sabía que tenía que explorarlo, pero los mosquitos no dejaban de abusar de mí. Corrí a la proveeduría, compré un repelente y emprendí el viaje. Ya en el medio del monte los mosquitos habían cedido, en cambio fue el turno de los tábanos y jejenes que no dejaban, ni por un segundo, un área de mi piel sin picar.


Para aliviar el dolor prendí mi pipa otra vez y ahí fue cuando lo vi. Estaba sobre un tronco en proceso de putrefacción, era él, un león, ¿un león? - me pregunté.

-Sí - respondió.

Aparentemente, era un león con mirada pérdida, un poco descuidado y triste.

- Soy el rey de la selva...

- ¿Selva? ¡Pero esto es el Tigre, macho!, esto es monte, hay mosquitos, humedad, pero no es selva.

- No estás aquí por casualidad - susurró el sin escucharme.

- ¡Pará! Lo único que falta es que aparezca un oso polar, un humo negro y un hombre con los ojos delineados.

- Estás aquí para encontrar una respuesta y esa respuesta te la daré yo. Soy el rey de la selva, tengo más poder que cualquier otro aquí y un Nextel, todos me respetan. No me falta nada. La vida necesita que la vivamos y para vivirla hace falta poder, poder vivirla. No podemos estar pensando en cómo vivirla, simplemente hay que vivirla. A la siguiente pitada el león ya no estaba.

No sabía si preocuparme por haber estado hablando con un león en el medio del Tigre o por estar perdido. Caminé por horas hasta que escuche que algo se movía en el suelo, entre las hojas. Parece algo pequeño- dije.

- ¿Pequeño? Pequeño lo que te cuelga.

- ¡Eh! Pará que no es tan pequeño.

- Todas son pequeñas - retrucó.

- No, no todas, yo conocí a un buen hombre llamado Federico Gran Hageens que aseguraba que en estado flácido alcanzaba una longitud de 16 cm.

- Y yo conocí a uno que en estado flácido medía 17 cm. Todas son pequeñas, siempre habrá quien la tenga más grande.

Su reflexión me sorprendió. Era un pequeño roedor, era un ratón pensador. Era amistoso aunque fácil de ofender.

- Estoy apurado, así que seré breve. Tu estás aquí por un motivo, has perdido la fe y la esperanza. Y no creas que soy un pastor ni mucho menos, pero tengo la solución a tus días grises. La vida es complicada, confusa por momento hasta sin sentido en muchos otros. Pero la vida fue dada a todos los seres del planeta para una cosa, sobrevivir. El objetivo es sobrevivir, no tener ni mucho ni poco, sino algo. Algo que nos ayude a sobrevivir. Es eso lo que nos hace feliz. El problema de quien tiene todo es que no tiene nada que buscar.

De pronto el ambiente se llenó de silencio, los mosquitos habían desaparecido, me incorporé rápidamente y ya no estaba. El sol se estaba ocultando y no me quedaba mucho tiempo para volver al hotel.

Comencé a caminar a un ritmo veloz hasta que la maleza no me dejó avanzar. Miré nuevamente al cielo y en una rama vi a un ave muy grande.

- Es como un águila.

- Soy un águila - contestó. ¿Estás perdido? Yo te guiaré hasta tu salida. Yo puedo ver más allá porque puedo volar, porque soy libre. La libertad es el anhelo de todos y no importa otra cosa que poder volar e imaginar los mundos que queramos. Y tu misión aquí es salvar al mundo.

- ¿Al mundo? - Pregunté intentando evitar reírme. ¿Qué mundo voy a salvar yo?

- El tuyo - contestó. Estamos en este mundo para algo. Todos tenemos una misión y un destino, sólo falta encontrarlo y es esa búsqueda constante lo que nos hace realmente feliz.

Cuando levanté la vista ya no estaba, como había sucedido con los demás. Ya casi no podía ver y fue justo en ese momento cuando vi unas luces en dirección Este. Comencé a correr entre la maleza, cada vez se hacía más fácil atravesarla hasta que desapareció. Estaba nuevamente en el complejo. Estaba picado por mosquitos, jejenes, tábanos y cortado por la maleza; tenía sed, hambre y todavía estaba mojado. Encontré mi cabaña, subí los escalones y vi como un gato blanco descansaba muy tranquilo sobre la mesa de mármol. Era un gato común y silvestre.

- Llegaste

- ¿Vos también hablás?

- Has hablando con un león, un ratón, un águila y ¿te sorprende que estés hablando con un gato? Te voy a contar un resumen de mi vida. Mi madre murió cuando yo nací, a mi padre nunca lo conocí, le encantaba andar de parranda. Viví 3 años de mi vida en la calle, luego me adoptó una hermosa familia la cual abandoné porque me daban de comer lo que se te ocurra, comidas deliciosa, pero los gatos somos sensibles y nuestros riñones se llenan de piedritas. Luego conocí a otra familia que adoro hasta el día de hoy. Te puedo decir que no es lindo vivir pensando en cómo vas a hacer para comer hoy, mañana y pasado. Tampoco es lindo tenerlo todo. Yo ya he vivido seis de mis vidas y puedo decir que lo he vivido todo. Puedo decir que no hay un camino correcto ni incorrecto, hay caminos y a veces cambian. Frecuentan ir para adelante, pero suelen detenerse también, ir hacia arriba o hacia abajo. Lo importante es siempre estar dispuesto a recorrerlos, porque ésa es la vida, un camino que no tiene vuelta atrás.
Realmente no sabía por qué todo ésto me estaba sucediendo, por qué me hablaban del significado de la vida. Yo sólo quería descansar, así que sin querer entrar en conjeturas extrañas volví a encender mi pipa hasta que al fin logré dormir.


1. Esperando la lluvia



El arte, en términos generales, produce placer a los sentidos, pero si analizamos cada una de las actividades que lo conforman podemos decir que no hay como la música. La música es el arte más explotado ya sea desde la ejecución como la contemplación. Todo el mundo escucha música y lo hacemos todo el tiempo; cuando estamos en el tren, cuando subimos al auto, en una clase aburrida, cuando hacemos el amor, vivimos escuchando música. No pasa lo mismo con la pintura por ejemplo, no a todos les gusta, a otros les da lo mismo e incluso para muchos ver cuadros es una tarea tediosa, y no porque el pintor tenga un estilo que no les guste, sino que lo que les aburre es el hecho de estar parado frente a un cuadro.
Todos alguna vez en la vida hicimos música. Aprendimos guitarra de niño, piano, nos compramos una batería, otros más ávidos estudiaron violín, o simplemente silbamos cuando caminamos.
Si jamás tocamos un instrumento, seguramente, lo estamos o estaremos deseando.
Es común que nos suceda una desilusión con algún instrumento que nos enamoró, quizá en realidad fuimos sólo atraídos por el alma artístico de quién lo ejecutaba y no del instrumento propiamente dicho. Ocurre como en el amor, podemos fracasar una y otra vez, pero como dice el refrán "Siempre habrá un roto para un descosido."


Nicanor Tildela era un aficionado de la música, y esto quiere decir que no sólo la escuchaba como todos lo hacen, sino que además tenía todos los disco originales, una rareza que sólo los fanáticos puede darse el lujo de hacer. Escuchaba jazz, blues, rock, música electrónica, tango, flamenco, heavy metal e innumerable cantidad de estilos y artistas. Concurría a todos los recitales habidos y por haber. A concurrido, en repetidas oportunidades, a bares del bajo flores porque dicen que allí se ve a los más grandes artistas cuando todavía son humildes, dicen que por una cuestión de ingenuidad.

Nicanor adoraba la guitarra, pero nunca logró tocarla adecuadamente. Siguió intentando por el lado de las cuerdas y se compró un bajo, pero el instrumento jamás vibró como él quiso.
Un día recorriendo una gran tienda de artículos para el hogar se encontró por accidente un adorno que la mayoría de las personas lo utilizan para decorar. Sin darse cuenta con su pie lo arrastró, el instrumento cayó haciendo un sonido que llamó su atención. Era un palo de agua. Palo de agua o también conocido como palo de lluvia, es un instrumento que consiste en un tronco hueco que, por dentro, tiene pequeños pedazos de palos de bambú que funcionan como una escalera, y sobre ella caen muchísimas semillas que producen un sonido similar a la lluvia. No dudó en comprarlo, salió de la tienda sin comprar el tazón para el desayuno.
Llegó a su casa y comenzó a jugar con el instrumento, lo bamboleaba para un lado y para otro y escuchaba ese sonido que lo tranquilizaba y le hacía perder la noción del tiempo. A los pocos días su técnica había mejorado notablemente. Ya podía controlar cada sonido que brotaba del instrumento. Estaba tan entusiasmado que fue a un gran negocio de música en la calle Talcahuano y Córdoba llamado "La Lechuza". El vendedor estaba sorprendido por el interés que tenía. Él quería cambiarlo por uno más grande. Finalmente, lo consiguió, compró uno que tenía un metro y medio de largo.
Costó en acostumbrarse, las semillas eran distintas y los palos tenían diferente ubicación. El tercer domingo del mes sintió que estaba completo, se creyó listo. Intentó convencer a algunos amigos para juntarse a hacer música, pero ninguno sabía que papel podía cumplir él en la banda, no le encontraban el lugar.
Al mes siguiente un amigo le dijo que pruebe ir a algunos bares donde se hacen zapadas, pero le aclaró que generalmente se toca blues o jazz. Fue pero no tuvo aceptación.
Él veía que la pandereta, el cajón de flamenco y tantos otros tenían más utilidad que el palo de agua. Una vez fue a una clase de yoga y la profesora le pidió que toque algo, pero terminó desconcentrado a todo el grupo.
Sin desanimarse Nicanor comenzó a construir el palo de agua más grande, hecho con un tronco de ombú de un metro de ancho por tres de largo. Tenía en su interior 13 millones de semillas de girasol, un millones de bolitas y 500 mil piedras de canto rodado.
Dos meses le llevó semejante construcción con ayuda de Marcelo, un carpintero amigo.

Subió el instrumento a la terraza y comenzó a tocarlo. Lo amacó de a poco con ayuda de cuerdas que colocó estratégicamente. La gotas cayeron suavemente y cada vez fueron más intensas, la gente sorprendida comenzó a salir a la calle y mirar a el cielo, muchos corrieron desesperados a guardar el auto en el garage. La tormenta comenzó a hacer un sonido similar a cuando llueve sobre un techo de chapa. La gente no entendía, estaba fastidiosa. Al día siguiente un titular en el diario Crónica decía "Intensa lluvia cayó sin mojar en Paternal".
Todavía sentía que lo que él hacía no era valorado por las personas y pensó que quizá no era un problema de él sino que tal vez, no eran las personas que necesitaban escuchar.
Así que no tuvo mejor idea que irse hasta Carmen de Patagones.
Llegó a las seis de la tarde, empezó con todos los preparativos en la plaza de las tres esquinas. Lo niños sentían mucha curiosidad y se escuchó todo tipo de cosas, desde niños que estaban ansiosos de que prenda fuego el árbol hasta niñas que estaba triste porque el no tenía hojas. A las doce de la noche, cuando todos se habían ido, inicio su acto. Bellas gotas se deslizaban hasta caer. La gente de la localidad salió de inmediato a la calle, estaba feliz, estaban todos enloquecidos por el fenómeno olvidado. Luego se dieron cuenta, algunos sintieron que era una burla, pero de a poco todos se acercaron, como si fuese una fogón y contemplaron la fabulosa música de la lluvia.
Nicanor entendió entonces que hay instrumentos para todos, sólo hay que descubrirlos, pero la música que hacemos no.