El amor, quizá el sentimiento más importante, el que le da sentido a nuestras vidas. Cada cosa que hacemos lo hacemos por el amor, por ellas o ellos que están allí, prestando atención a nuestras vidas. Inconscientemente nos vestimos para el amor, cantamos para el amor, hacemos deporte para el amor, salimos para el amor, trabajamos para el amor. Quizá se confunda la palabra amor con sexo. La realidad es que somos animales que necesitan tener relaciones para reproducirse, una necesidad como tienen todas las especies. El amor existe sólo si creemos en él, es casi un delirio místico.
Las ventajas del amor son varias, pero también puede ser consideradas como fatalidades dependiendo del punto de vista del individuo: tener sexo y luego no desear que el acompañante desaparezca. Tener a alguien que se preocupe por nosotros y que no haga falta decirle "mamá" (por lo menos hasta los 10 primeros años de casado, después las cosas se confunden). Recibir regalos es una ventaja indiscutible.
Mariano era un tipo piola, alto, musculoso, simpático, chistoso, infiel. Estaba casado con Denise, una mujer bella por donde se la mire. Le encantaba cocinar, su especialidad era el pollo al champignone y sus hobbies, tejer y correr. Denise era una persona correcta, incorruptible, con una sentimiento de culpa que la mantenía en un mismo camino hace más de 10 años. Amaba a su hijo y a su marido más que a su propia vida.
Un domingo de verano Mariano tocó cinco veces la puerta de Nicanor Tildela.
Mariano- ¿Qué hacés, Nicanor? ¿Cómo va?
Nicanor- ¿Qué hacés tocando mi puerta un domingo a las 8 de la mañana? ¿Te hiciste católico? Esto no es una iglesia.
Mariano- Algo así... Vengo del telo. Ahora te explico.
Nicanor- Mmm, ¿Y Julieta?
Mariano- ¿Qué Julieta? ¡No esa fue la semana pasada! Florencia es su nombre.
Nicanor- Ah. ¿Qué pasa?
Mariano- No puedo engañarla más.
Nicanor- ¿A quién? ¿A Julieta?
Mariano- No, bolu, a Denise. Creo que me enamoré.
Nicanor- ¡Dejate de joder!
Mariano- En serio, ya no puedo seguir. ¡Me voy a separar!
Nicanor- ¿Por qué no lo pensas mejor? Tenés un hijo, tomate tu tiempo.
Mariano- Hablá con ella, vos sos el amigo, dejame que me quede en tu casa, por un tiempo por lo menos.
Nicanor- ¿Qué querés que le diga?
Mariano- No sé, algo se te va a ocurrir.
Nicanor viajó hasta Ciudadela para hablar con Denise, su amiga hace más de 15 años. Gracias a ella conoció a Mariano.
Dos cuadras antes de llegar a la casa la vio en un Fiat Duna. Estaba sentada en el lugar del acompañante. El chofer del vehículo era Rubén, el remisero del barrio, un cordobés de 28 años que vino a Buenos Aires para trabajar, le dicen el "Pícaro". Nicanor los vio besarse apasionadamente por cincos largos minutos.
A ella no le sorprendió la visita de Nicanor, mucho menos la ausencia de su marido. Denise con su boca colorada, pero despreocupada sacudía la yerba, luego tomó la pava y se sentó a un lado de Nicanor.
Denise tenía una mirada distinta, estaba liberada. Apoyó su mano sobre la pierna de Nicanor y con una sonrisa lo besó.
Nicanor no pudo ni quiso evitar el ataque sexual de Denise. Se besaron, se desnudaron y se escondieron en la habitación.
Nicanor se incorporó y se tomó la cabeza, ella prendió un cigarrillo y le acarició la espalda.
Denise- No te preocupes, Mariano es un idiota, siempre me cagó. No sientas culpa.
Nicanor- Sí, ya sé, pero yo te venía a contar que Mariano se va a quedar en casa unos días, está mal. Pero no puede hablar ahora.
Las palabras de Denise le hicieron eco hasta que llegó a su casa y se encontró con Mariano.
Inmediatamente las palabras de Denise se convirtieron en imágenes obscenas.
Mariano- ¿Y?
Nicanor- ¿Y, qué?
Mariano- ¡Hablasté, boludo!
Nicanor- Sí, le dije que te quedabas acá y que no tenías los huevos suficientes para hablar con ella. Igualmente se imaginó todo.
Mariano- ¿Y? ¿Se puso mal?
Nicanor- La verdad que la vi muy tranquila. Está bastante cambiada tu mujer.
Mariano no pudo tolerar la frialdad de Denise. Intentó recuperarla pero jamás lo perdonó.
Mariano siguió siendo infiel hasta que conoció a Rubén.
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