El primer trabajo de Nicanor se desarrolló en el subte. No vendía nada, no tocaba ningún instrumento, tampoco actuaba. Nicanor tenía un extraño talento: él podía saber que tema estaban escuchando las personas con sus auriculares. Gracias a los movimientos que uno hace mientras la música invade el cuerpo, explicaba.
Nicanor entraba a la formación y se presentaba como un hábil adivinador de temas musicales. Frente a la sorpresa de los viajeros, observaba detenidamente a todos los que estaban escuchando música. Luego les pedía a las personas que le marquen alguna víctima. Por lo general se hacían los distraídos, lo ignoraban, pero él tenía una gracia innata de la cual era difícil escapar. Finalmente, alguien le señalaba una persona, él lo observaba por 20 segundos y disparaba el tema sin titubeos. Luego procedía a la develación, por lo que le pedía que se retire los auriculares y diga en voz alta el nombre del tema. El usuario sin entender nada lo insultaba y después de una larga explicación decía (molesto) el nombre del tema. Jamás falló, pero raramente alguien le dejó dinero.
9 de cada 10 personas en la ciudad de Buenos Aires desasprovecha su talento. Nadie puede decir a ciencia cierta para qué sirven los talentos. Algunos aseguran que son habilidades que Dios entrega a elegidos para hacer dinero. Los vecinos de Saavedra dicen que un talento sirve unicamente para estar satisfecho con uno mismo y quienes lucren con su habilidad serán infelices toda la vida.
9 de cada 10 personas en la ciudad de Buenos Aires desasprovecha su talento. Nadie puede decir a ciencia cierta para qué sirven los talentos. Algunos aseguran que son habilidades que Dios entrega a elegidos para hacer dinero. Los vecinos de Saavedra dicen que un talento sirve unicamente para estar satisfecho con uno mismo y quienes lucren con su habilidad serán infelices toda la vida.
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